Ábside

En el mundo de la arquitectura, un ábside es un semicírculo, como un cuenco al revés, construido en el techo sobre un punto pináculo.

En tiempos precristianos, sería el punto más alto del techo. Pasaría por alto el lugar más importante de la sala, como el altar, el clero o un poder percibido, como una estatua de una deidad siendo honrada en un templo de adoración. Los escenarios más modernos de ábsides se ven en las iglesias cristianas, un ábside se encuentra generalmente sobre el altar en la parte delantera de la iglesia.

Representación esquemática del plano de una catedral. El ábside es el área coloreada.
Representación esquemática del plano de una catedral. El ábside es el área coloreada.

Evolución

Es común la presencia de un ábside singular en el edificio y su origen está en las basílicas romanas donde estaba destinada a la presencia de jueces y donde podría haber un altar para el sacrificio. En las hendiduras semicirculares de los templos surgen también estatuas o representaciones en mosaico de divinidades.

Al incorporarse en el siglo IV en la Iglesia católica paleocristiana, para apoyar el servicio religioso, estos anexos se convierten en espacios ricamente decorados con mosaicos y mármoles para la permanencia de sacerdotes, reliquias y figuras religiosas, sustituyéndose la figura del emperador por la de Cristo. Aquí pasa a estar el altar, silla del obispo y las sillas de los clérigos (en comparación con las tribunas romanas).

Caracterización

Planta

Las iglesias ortodoxas de Oriente pueden presentar triple ábsides poligonales (una para cada terminación de las tres alas, nave y colaterales, en este caso llamados absidiolos) tipología que finalmente fue transportada a las iglesias de occidente bajo la influencia del arte bizantino.

Vista exterior del ábside flanqueado por dos aphidioles en la Iglesia Ortodoxa Jaroslavl en Rusia.
Vista exterior del ábside flanqueado por dos aphidioles en la Iglesia Ortodoxa Jaroslavl en Rusia.

En las catedrales cristianas se puede observar una profusión de capillas radiantes de menores dimensiones (en diámetro y altura) a coronar la principal o absidiolos en los brazos del transepto o aún a lo largo de la nave (típico del gótico francés en catedrales de planta cruciforme). En estas construcciones góticas es común surgir un deambulatorio que circula a lo largo del ábside.

Ya en el caso de Italia, el ábside ha mantenido su forma semicircular simple y en Inglaterra existe también el ábside rectangular de adhesión. En la época carolingia y en el románico de Renania se puede observar el uso de dos ábsides (y sus coros respectivos), uno al este y otro al oeste.

Alzado

El ábside se compone generalmente de áreas bien diferenciadas en altura en su interior. En la catedral gótica la zona inferior presenta un pedestal, que se extiende al coro (bajo ábsides románicos es común encontrarse una cripta, generalmente el elemento más antiguo del edificio.) y la parte superior está dividida verticalmente por varias partes de vitrales en las que la central se alinea directamente con el eje de la nave.

Al exterior pueden adosarse columnas de fuste circular que acentúan la división vertical de la pared (algunos ábsides románicos de gran tamaño en Alemania presentan bajo la cubierta una galería, generalmente de función decorativa).

El eje de los templos tiende a llevar la perspectiva hacia el altar, situado en el ábside. Ábside bizantino hemisférico de la Basílica de San Apolinar en Clase, en Ravenna.

Interior y la iconografía

El ábside es el lugar apoteótico en el interior de la iglesia, donde toda la decoración converge en una profusión iconográfica de mosaicos, esculturas y pintura y donde la mirada del fiel es indiscutiblemente dirigida y que fue un elemento arquitectónico de destaque ya en la arquitectura religiosa bizantina, románica y gótica.

En el románico, además de la imagen de Cristo, surgen escenas y relatos en frescos, mosaicos y tumbas decoradas. También se encuentran representaciones alegóricas en algunos edificios de Austria, Francia e Italia.

El eje de los templos tiende a llevar la perspectiva al altar, situado en el ábside. Ábside bizantino hemisférico de la Basílica de San Apolinar en Classe en Rávena

En el gótico su decoración se vuelve más exuberante, surgiendo en su interior también estatuas de santos y vidrieras e interconectando su imponente destaque desde el exterior a otra serie de elementos dando lugar a cabeceras complejas.

Más tarde, en el barroco, el ábside será simplificado, pero el uso de la pintura será más difundido, especialmente en efectos de perspectiva para dar la ilusión de un espacio más grande.

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